EDPR – Espacio Colaborativo en Sede de Madrid
Un espacio que devuelve las ganas de volver: diseño post-pandemia para reconectar equipos, activar sinergias y hacer visible la cultura de una compañía energética de referencia.

El proyecto de EDPR transformó 300 m² en un espacio colaborativo diseñado para incentivar el regreso voluntario a la oficina tras la pandemia.
La propuesta se centró en crear una experiencia diferencial, integrando la identidad de la marca en un entorno flexible y acogedor. El elemento protagonista fue una plaza central polivalente, rodeada de vegetación y adaptable a distintos usos, que favorece el encuentro y la colaboración.
300 m2
2021-2022
Madrid, España
Colaboración
Bienestar
Identidad de marca
Flexibilidad
- Diseño conceptual
- Branding e intregración de identidad de marca
- Desarrollo de proyecto de ejecución de arquitectura e ingeniería
- Dirección facultativa de las obras
- Gestión de licencias
- Coordinación de seguridad y salud
- Cost Management
Desafío
Reconectar a los equipos con si oficina en el momento más difícil para la presencialidad.
EDPR encargó a 3g office el diseño de un espacio colaborativo en su sede de Madrid con un objetivo claro: incentivar el regreso a la oficina tras la pandemia. El reto consistía en crear un entorno que ofreciera un valor diferencial frente al trabajo en remoto, fomentando de forma natural la colaboración, el intercambio de ideas y el sentido de pertenencia. Todo ello debía integrarse con la identidad y los valores de marca de EDPR en un espacio de 300 m², logrando un resultado funcional, coherente y atractivo.

Oportunidad
La plaza central como corazón vivo de la sede: un espacio que lo contiene todo.
El proyecto se articula en torno a una plaza central polivalente, situada a una cota inferior para reforzar su carácter como punto de encuentro y corazón del espacio. Rodeada de vegetación, aporta calidez y favorece la interacción entre los usuarios. Además, una cortina acústica motorizada permite transformarla rápidamente en un espacio cerrado para eventos, presentaciones o reuniones, maximizando la flexibilidad del conjunto.
El reto no era solo diseñar un espacio bonito: era diseñar un espacio que tuviera la fuerza suficiente para cambiar el comportamiento de las personas.


Enfoque
Formas orgánicas, estratigrafía de materiales y una distribución que convierte el recorrido en experiencia:
El concepto se construyó sobre tres recursos formales que trabajan en conjunto. Primero, la variación de techos y suelos a distintas alturas y con distintos materiales, que delimita los diferentes usos sin necesidad de particiones físicas, generando un espacio dinámico y fluido al mismo tiempo. Segundo, las formas orgánicas y curvas —presentes en la bancada colaborativa, las jardineras y los elementos de carpintería— que rompen la ortogonalidad habitual de los entornos corporativos y aportan una calidez que invita a la permanencia. Tercero, la integración de la identidad de marca de EDPR a través del diseño y los materiales, sin recurrir a elementos gráficos explícitos.

Que al verlo, los empleados de EDPR sintieran que merecía la pena venir. Eso es lo que guio cada decisión de diseño.
Resultados
300 m² de espacio colaborativo completamente transformados, entregados en febrero de 2022, que se convirtieron en la cara visible de EDPR ante sus propios empleados y ante sus visitantes. Un entorno que cumplió su objetivo principal: recuperar la presencialidad voluntaria de los equipos mediante la calidad del espacio, no mediante la obligación.
La satisfacción del cliente fue total, valorada muy positivamente tanto por la dirección como por los propios empleados en el uso cotidiano del espacio. El proyecto se convirtió en referencia interna de cómo debería evolucionar el resto de las instalaciones de la compañía.

aprendizaje
EDPR demostró algo que el debate post-pandémico sobre el futuro del trabajo a menudo olvida: las personas no vuelven a la oficina porque se les obliga, vuelven porque el espacio merece la pena. Diseñar para la presencialidad voluntaria exige entender qué ofrece el entorno físico que el digital no puede replicar —el encuentro, la serendipia, el sentido de pertenencia— y convertir esos elementos en el centro del proyecto, no en un añadido decorativo.


Cuando WiZink nació como banco digital —fruto de la unión entre Värde Partners y Banco Popular— entendió que el cambio debía empezar desde dentro. Su nuevo modelo, más ágil, transparente y centrado en el cliente, solo podía consolidarse si se traducía en un espacio capaz de activar esa cultura.
Así surgió HOME, un proyecto concebido para redefinir cómo se trabaja, cómo se colabora y cómo se vive el día a día en una organización digital por naturaleza.
Proyectos relacionados
2017 Madrid, España 12.000 m2

